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miércoles, 3 de abril de 2019

CREATTIKUS 4 Un paseo por los Angeles.


 
 
 


  


     


     "Un nuevo curso, una nueva esperanza" decían las estudiantes al unísono, imitando e ironizando el famoso discurso tostón del director, que año tras año repetía en la ceremonia de apertura del nuevo curso.
     En la medida que aparecían los estudiantes se iban colocando en el patio principal que hacía de antesala del edificio donde estaban las clases. Era uno de los mejores institutos de la zona, sobre todo en áreas de diseño y arte.  
    Todo un verano sin verse la mayoría de los estudiantes daba juego a toda clase de saludos entre los alumnos, algunos  saludos inclusive un poco extraños.
    Las risas, y el murmullo de los nuevos estudiantes era casi la banda sonora que muchos profesores habían echado de menos en el verano.
     Esa clase era especial, ya que de costumbre solía haber más chicas que chicos. Y lo pocos chicos que había según el sector femenino no despertaba ningún tipo de interés.
   —Dicen que este año hay uno nuevo en clase—comentó una de las estudiantes.
  —No insistas, ya hemos perdido la esperanza, siempre lo mismo, frikis, desaliñados y con muy poco encanto —comentó otra de las estudiantes que no paraba de masticar chicle. En su cara se reflejaba bastante resignación.
      Estaban sentadas en las escaleras de la entrada principal, con la peculiar ropa que podían llevar unas jovencitas de diecisiete años, algunas con su mochila, sus smartphones con auriculars y esperando que algo diferente pasase esa mañana.
     En la medida que iban entrando los estudiantes se empezaba a notar cierto revuelo.
     Algunos aprovechaban los minutos haciendo un poco de basket. Casi era el sector más poblado del patio.
     De repente, una de las estudiantes, exclamó en plan susurro —No miréis descaradamente, pero veo un chico que viene hacía aquí con una mochila al hombro. No me suena de haberlo visto antes.—
     Todas con mucho disimulo, pero a la vez en plan descarado, empezaron a localizar con su mirada a ese desconocido, que precisamente caminaba hacia ellas.
    —!No puede ser¡ —dijo una de ellas. y siguió susurrando— pero... si, está ¡Macizo!—
    Todas las allí presentes empezaron a mirarlo fijamente. y empezaron a cuchichear entre ellas, ya que se dirigía el desconocido a la entrada principal donde ellas estaban sentadas
    —¡Es muy guapo!  —Comentó la que tenía gafas, con la mano puesta en la boca para que no se notase.
    Aquel joven individuo se acercó a la entrada, quedó un poco intimidado ya que todas las estudiantes de la entrada lo estaban mirando en plan embelesadas.
    —Hola, ¿Vosotras vais a la clase de diseño artístico?—preguntó el joven.
     —Si, todas vamos a este curso, y cuatro chicos más que están aprovechando para hacer alguna canasta mientras abren ¿Vas a estudiar en este instituto?—Preguntó una de las jóvenes.
    —Si, me he matriculado. Pero voy un poco tarde para pagar las tasas. Me retrasé.—
    —Puedes entrar en la oficina siempre está abierta media hora antes de que empiece las clases.—Le contestó una.
     El joven la miró y la sonrió con mucha dulzura y entró en el recinto. Cuando entró dentro, afuera se escuchó una ovación tremenda de todas las estudiantes. Algunas se tocaban la cara porque se habían sonrojado de la emoción.
    —Wow, como está el tio.—dijeron algunas, las cuales se empezaron a reír.—Si parece un actor—comentó otra. 
     Este nuevo curso prometía ser interesante.
    —¡Rubio!, ¡Alto! Y con ojos azules...—Me lo voy a pedir, que me haga de modelo desnudo cuando empecemos con los lienzos.—dijo la de las gafas.  La que parecía que nunca había matado a una mosca.
     Empezaron a reírse y a especular, de que tendrían que hacer algún tipo de rifa para sorteárselo.
     El joven entró en las oficinas y pagó las consiguientes tasas, en ese momento salía al pasillo el director. Saludó muy amablemente al joven.
     —No cal que salgas al patio. Ya voy a abrir las puertas.  Vete directamente al segundo piso y busca el aula C, allí os reunís los de este curso, que ahora mismo van a entrar.—Le dijo el director al joven.





      Por unos segundos la tranquilidad del pasillo distribuidor de las clases, y en donde estaban las taquillas, se vio perturbado por la escandalera de todos los estudiantes que entraban en el instituto.
     El aula donde estaba sentado poco a poco empezó a llenarse de los estudiantes que ese año compartirían curso con el joven.
     Cuando hubieron entrado todos, la tutora cerró la puerta y nombre por nombre fue pasando lista a todos los allí presentes.
     Cuando llegó al nombre del alumno nuevo, paró por unos segundos. Quedó extrañada por el nombre.
     —Lagio Martelli—dijo la tutora.
    —Si, aquí —dijo el alumno nuevo levantando la mano.
     En media clase, sobre todo el sector femenino se escuchó un suspiro. El cual luego se convirtió en algunas risas. La profesora tubo que pedir silencio con insistencia, pero con cierta complicidad con las alumnas.
     —¿Eres de descendencia italiana?—le preguntó la tutora.
     —Sí, de hace bastantes generaciones atrás.—dijo el joven.
     —Es extraño ver a personas tan rubias, de descendencia italiana, si casi pareces nórdico.
     Acto seguido, la tutora comenzó a comentar como iba a ser el curso, el transcurso de los nueve meses y del temario que era bastante extenso. Y del tiempo que tenían antes de empezar las asignaturas, que era bastante escueto. Clase por clase fue empezando a presentar las materias. Lagio apuntaba con mucho interés.
     Cuando llegó la hora del patio los cursos más veteranos podían salir al exterior para desayunar. Lagio prefirió comerse una manzana y quedarse en clase. Mientras, repasaba todo lo apuntado.
     La última clase, fue la ceremonia de apertura, donde se presenció la inauguración del curso y el famoso y esperado "discurso" del director.
     Cuando terminaron las clases, Lagio marchó con otro compañero de su clase, que vivía prácticamente en el mismo barrio.
     —¿Hace poco tiempo que vivís en el barrio, verdad?—preguntó Tom.
     —Si, hace cuestión de una semana—dijo Lagio.
     —Tienes el acento un poco raro, como si vinieras de afuera del país —comentó Tom.
     —Venimos de Italia, mi padre es ingeniero jefe de la empresa la cual abrió una sucursal aquí, por eso nos hemos mudado.—contestó Lagio.
     —Yo siempre he soñado con viajar a Europa, la vieja Europa,.. viendo sus castillos, sus ruinas, las obras de Miguel Angel, el cuadro de la mona lisa en París, el Vaticano... la sagrada familia. ¿Tú has visto todo eso?
     —Casi todo, a ti seguro que te pasará por aquí lo mismo, siempre lo que tenemos cerca no lo solemos valorar lo suficiente.—Contestó Lagio.
     —Supongo que eso es verdad. —Admitió Tom.
     Y así por un rato, los dos estudiantes hablaron de  todo lo que se podía hablar durante un cuarto de hora.
     Una nueva amistad se estaba forjando entre el repetidor de curso, Tom, y el nuevo de la clase.

                       ... # ... # ...         

     Cuando Lagio llegó a su portal, subió las cuatro escaleras que le separaban de la calle al portón principal. Picó el segundo piso y se abrió la puerta. El edificio en sí no era muy nuevo, pero estaba muy bien ordenado. Hacia poco que se hizo una reforma general en todo el edificio y se notaba. Todos los apartamentos estaban alquilados según decían los padres de Lagio a un precio bastante asequible.
     Toda la tarde, Lagío se dispuso a ordenar su habitación ya que apenas tubo tiempo para hacerlo.
     En la pared, fue poniendo uno a uno, carteles, y diseños artísticos que había hecho hasta el momento.
     En su anterior instituto en Italia, había ganado el concurso del mejor diseño artístico del año. El trofeo lo puso en la estanteria que había al lado de su mesa de escritorio. Ordenó su armario, y se dispuso a escuchar un poco de la música que se escuchaba en aquella calle.
     El estilo "Trap" lo había empezado asimilar en Italia, pero en esa calle era casi la banda sonora diaria.
     Muchos afroamericanos con sus potentes altavoces la llevaban por doquier. Después, sus padres le avisaron de que ya estaba preparada la cena.
     Su madre, era un músico excepcional, había tocado en las mejores sinfónicas de Italia. Tocaba el violín, lo mismo que Lagio, pero para él era un hobby, aunque según entendidos tocaba mucho mejor que su madre, pero él tenía la manía de no valorar lo que hacia. Su madre también enseñaba piano. Las tardes ya las empezaba a tener ocupadas con alumnos, que poco a poco fueron incorporándose a los anuncios que puso en los periódicos de la zona.
     Su padre esa noche pudo cenar con ellos. pero su tiempo con la familia era bastante limitado. Llevar la gerencia de la empresa no era ningún secreto, pero necesitaba adaptarse a los nuevos medios donde se desarrollaba.
     A la madre de Lagio el risotto de setas le salía a la perfección. Cenaban un único plato, pero hacia cantidad porque casi todas las veces tanto el padre  como Lagio repetían sin dudar. Eso sí, el vino tenía que ser italiano o como mucho francés. Aunque al padre de Lagio le costaba reconocer que el clima de los Angeles había propiciado que de vez en cuando alguna sorpresa grata había como el Bachouse chardonna que como vino blanco no estaba mal.
     Para la familia Martelli la noche era lo mejor del día, pues tenían por costumbre sentarse en el sofá y compartir todo lo interesante que habían vivido en esa jornada. 
     No tenían televisión ni radio. Por lo que siempre  por costumbre después de una buena tertulia acostumbraban a leer el periódico o entretenerse leyendo algún que otro interesante libro. También solían jugar muchas veces a juegos de mesa. A la familia les chiflaba dichos juegos.
     Les llamaba la atención y lo comentaban, que muchas veces por los grandes ventanales de los apartamentos colindantes podía verse las grandes televisiones que tenían los vecinos. Y sobre todo, que no reparaban en bajar el volumen de los televisores ni que fuera las diez de la noche.
     Después de haber tenido una buena tertulia sobre el principio de curso, Lagio se fue a su dormitorio. Plegó la ropa en la silla con mucha pulcritud y se puso su pijama. Al intentar bajar la persiana de su ventana se fijó que en el bloque de enfrente, un piso por encima de él, había una joven tocando la guitarra eléctrica.
     No lo pudo evitar y se puso a escucharla mientras la observaba. Esa joven, era evidente, se dejaba llevar por la música. Apoyando los codos en el marco de la ventana Lagio se relajó un poco escuchándola. La joven era unos años mayor que Lagio. Pero a Lagio le pareció super atractiva. Casi puso la misma cara que sus compañeras de curso cuando lo vieron a él. 
      La joven guitarrista nada más percatarse de que la estaba observando y escuchando el vecino de abajo, cerró de sopetón la cortina y la persiana de su habitación. Lagio pensó que seguramente se había puesto violenta cuando notó que la observaban. Por lo que se fue a dormir. Cerró también su ventana y se metió en la cama.
     Por unos segundos se le quedó en la mente la melodía que su vecina había tocado. No lo pudo evitar empezó a pensar en la canción y comenzó a tararearla, y cayó en la cuenta que era la famosa canción de Queen. En concreto "Show must go on".
     Se giró hacia el lado izquierdo y se dispuso a descansar.
     Un nuevo día le esperaba en el nuevo instituto, con nuevos vecinos que conocer y un montón de rincones por descubrir.

                               C O N T I NU A R Á
    
    


    
    


miércoles, 20 de marzo de 2019

CREATTIKUS (1) El pozo de Amranni

Creattikus-los-duendes-de-la-inspiración.
Creattikus : Los duendes de la inspiración.


     "Dicen que es magistral el poder de influencia de la luna sobre la tierra, los mares, y los seres vivos. En esta historia, las lunas actuarían como presagio de que algo se cernía sobre la demarcación de Creatívia. La Magia infinita se fue, desapareció. Solo quedaba la aparente normalidad y rutina, pero que fue un paréntesis, ya que tiempos difíciles y sombríos se avecinaban sobre los personajes de esta fábula"
                                                                                                            Faitfield

     Una respiración profunda se escuchaba dentro del bosque, el aliento de un ser que corría veloz, lo que provocó que algunos animales espantados huyeran para sus madrigueras. 
     Un duende de Creativia, que corría como alma en vilo, desesperado, entristecido, con muchas ganas de llegar.
     Estaba ansioso por regresar a la aldea, y contar lo sucedido. Era de noche, y las dos lunas de Vedrúm antes de que convergiesen daban suficiente luz a los caminantes de  los bosques y praderas. Y en este caso, para que Milani pudiera correr con la seguridad de que no tropezaría con algo por el camino.
     Había abusado del tiempo extra que le dejaban sus padres, después de cumplir con sus obligaciones de ayudante de panadero, en el pequeño negocio familiar que gestionaba su familia. Un noble oficio, que estaba obligado a aprender, no con mucho entusiasmo, pues según él decía: Lo suyo era conquistar nuevos mundos.
     Venía de quedar a las doce de la noche, en el enigmático pozo de Amranni, con sus amigos, y compañeros de travesuras.
     Ya estaba acostumbrado a la riña de sus padres, siempre llegaba muy tarde a casa. Tan noble oficio, exigía madrugar mucho, más de lo habitual en aquellos contornos. Pero él, dada su juventud y vigor podía aguantar con pocas horas de descanso.
     El negocio de sus padres era el único de la aldea de Creatichela, por ello, debían atender todas las demandas de pan de los vecinos. Panes de levadura, de centeno, de higos, de pasas, de nueces, de tef, de raíces de sauco, de regaliz, sin levadura y tostado, toda una variedad que tenía muy ocupada a la familia. Incluso, un año, el concurso de panes de la demarcación de Creativia ganaron el primer premio.


Melderhim-el-guardian-de-las-dimensiones-oscuras-y-vigilante-del-universo
Melderhim, el guardian de las dimensiones oscuras y vigilante del universo.
 
 
 
 
     Constanci, Lagio y él, formaban un equipo muy peculiar. Eran unos jóvenes soñadores empedernidos, con ganas de vivir gestas memorables y batallas épicas.
     Sabían que había multitud de leyendas orales sobre dicho pozo. De niños, cuando los sabios las contaban, no se perdían ni una.   
     El pozo de Amranni, era un lugar misterioso, que solían visitar, ansiosos de locas aventuras que nunca transcurrían y de sueños interminables que nunca lograban materializar.
     Las historias del pasado los habían inspirado, aunque el presente, lo vivían con mucha apatía. Resultaba ser rutinario. 
     El pozo había sido cerrado hace más de cincuenta años. Melderhim el guardián de las dimensiones oscuras y observador del universo lo cerró. La demarcación de Creatívia pertenecía a su protectorado. Tenía la potestad de poder administrarlo. Ya no se podía viajar en los mundos paralelos, ni visitar a los humanos que siempre fue el más frecuentado. No se podía visitar la Tierra, ni inspirar creativamente a los humanos, cosa que por siglos habían hecho.
     Vicent Van Gogh, Leonardo da Vinci, Miguel Angel, Picasso, Bethoven, Vivaldi, músicos, poetas, escultores, pintores, artistas, magos, trovadores, políticos... fueron sus pupilos, donde ellos dejaron su esencia, la Magicae Infinitum.
     La magia de la inspiración se fue, solo quedaba en los recuerdos de aquellos afortunados, que tiempo atrás la pudieron experimentar y vivir, los Sabios de Creatichela.
     El pozo de Amranni era un oasis en medio del desierto, que rodeaba a la aldea donde vivían dichos duendes. Servía como punto de encuentro para los viajeros y como referencia para los mapas cartográficos de dicha demarcación. Como sucedió en la Tierra en la época del colonialismo, con determinados baobabs de África. Donde incluso el famoso descubridor misionero David Livingstone había apuntado en sus mapas de referencia para África. Esa idea, fue inspirado por los duendes de antaño.
     En las noches calurosas del mes de Sedec, los jóvenes de la aldea solían irse a bañar a dicho pozo, ya que era más grande de lo habitual. Era un punto importante en el tráfico de viajeros de la zona, donde solían refrescarse los duendes por el día en sus múltiples viajes, y las pocas bestias de que disponían podían ir a remojarse sus peludos y resecos hocicos.
     Milani y sus amigos, como jóvenes que eran, solían encontrarse por la noche en dicho pozo, para comentar todo lo que sucedía durante el día, y chismorrear sobre las damiselas que cortejaban, o incluso, sobre determinadas travesuras que realizaban.
     El pozo estaba a media hora de camino de la aldea. El sendero hacia el pozo estaba marcado por sí solo, de las idas y venidas de los duendes y viajeros.
     Milani, Constanci y Lagio fueron rechazados tiempo atrás para ser aprendices de los sabios. Ninguno quiso apostar por ellos para llevárselos como sus discípulos. Por lo que en la demarcación no podían aspirar a nada.
     Estaban destinados solo aprender los oficios tribales, que existían en aquel entorno. Y lo que era peor, se les había pasado la edad de casamiento, sin formalizar ningún tipo de relación, siendo por lo tanto, una especie de deshonra para la aldea.
     Pero esa noche, sin duda, para uno de los tres no hubo retorno...

                     *  *  *  *  *
    
    
     Milani avanzaba para dar la alarma en la aldea. No estaba acostumbrado a correr tanto. Su físico, un tanto rellenito, impedía que pudiese tener un buen ritmo. Algunos animalitos del bosque paraban sus quehaceres para olisquear el aroma un tanto desagradable, mezcla de sudor y harina, que emitía el joven duende.
     Mientras, a casi media hora de distancia, en el pozo, Constanci seguía con insistencia buscando a Lagio. El cual, cuando se tiró al agua para refrescarse desapareció.
     Una y otra vez, con desesperación, Constanci llamaba a Lagio. En reiteradas ocasiones buceaba todo el pozo, de arriba abajo, de izquierda a derecha, así, hasta quedar exhausto. Aunque, Lagio no daba señales de vida.
     La aldea era un sitio muy tranquilo y sosegado, según los jóvenes duendes, donde el aburrimiento acampaba sobre los cuatro puntos cardinales de la aldea. Por lo que Milani sabía que la noticia causaría un gran revuelo. No sabía, dudaba, de como lo tenía que exponer en cuanto llegara.
 
Creattikus-los-duendes-de-la-inspiración
Milani corriendo con desesperación


    
     
     Mientras avanzaba, ignoraba cuáles serían las palabras adecuadas de que Lagio había desaparecido, no estaba. No fue algo normal, pensaba que fue casi por arte de magia.
     Llegó al poblado, por fin, tras un buen rato de ardua carrera. Los ojos los tenía enrojecidos del sudor de la frente que había acampado en sus ojos.
    Divisó  una de las calles más principales, pero dudaba  decírselo directamente a los padres, o informar primero al alcalde de dicha aldea.
     Milani paró, y tragó saliva. Decidió como primer recurso informar primero al alcalde. Deducía que aún continuaría despierto, ya que "era un ave nocturna".
     Se adentró en el centro de la aldea, pasó por la posada y fue a parar a la siguiente esquina donde había un garito nocturno de cervezas llamado "Noblevita", que en otro tiempo hubiese parado para tomarse una cerveza de raíces de sauco. El tabernero era bastante amiguete de los tres jóvenes duendes y de vez en cuando permitía que se tomaran algunas pintas, haciendo la vista gorda.
     En la demarcación, no se permitía beber alcohol hasta pasados los veinticinco años, pero de vez en cuando unos cuantos "crears", que era la moneda de la zona, no venía mal al tabernero. Noblevita era la taberna principal de la aldea, central de chismorreos, y de debates políticos, de los que de vez en cuando se reunían.
     Pero en ese momento, todo quedaba a un segundo plano, por lo que Milani giró a la izquierda hasta toparse con la casa del alcalde.
     La puerta estaba entreabierta, ya que era costumbre en dejarla así todos los de la aldea. Tiempo atrás, comentaban los sabios que los cerrojos de antaño siempre estaban reforzados con candados especiales. Sin duda, al estar el pozo abierto era un agujero tanto para los que iban como para los que venían. Muchas veces los visitantes no eran de la aldea, y de vez en cuando los que venían no traían sanas intenciones. Aunque después que el pozo se cerró, los de la aldea, no tenían nada que esconder, ni nadie de quien temer.
     Cuando llegó al comedor principal de la vivienda, se encontró al alcalde, junto con los demás sabios de la aldea, teniendo una velada tranquila y fumando en pipa. En la aldea, era un ritual para los fumadores en pipa, de encontrarse todos juntos, sobre todo si era de tabaco de regaliz, que era el tabaco que se cultivaba en dichos entornos. Mientras, iban solucionando con sus conversaciones todos los problemas, de los políticos de la demarcación, y de algunos pintorescos deportes que practicaban en la aldea, como el "hock", que si no se espabilaban quedarían este año en los últimos lugares, en la liga regular de las aldeas.
     Milani entró de golpe. Todos pararon sus conversaciones, y se percataron del atrevimiento de dicho joven. El alcalde, el más joven del grupo, como anfitrión giró la cabeza y al ver a Milani le preguntó:
    ¿Que te pasa Milani? ¿Por qué has entrado de esa forma? 
     Milani lo miró como avergonzado. Los ojos se le llenaban de lágrimas, aunque se contuvo. No estaba bien visto expresar las emociones de esa forma.
    Lagio, señor, Lagio, que no lo encontramos. Ha desaparecido.— 
     El alcalde se levantó de sopetón de su mecedora y se acercó a Milani. Los sabios alarmados preguntaron a la vez:
     ¿Donde?  ¿Cuando? ¿Como?
     El joven no se atrevía a mirar a los ojos del alcalde, por lo que mirando al suelo, dijo al respecto  Fuimos a bañarnos al pozo, lo solemos hacer en estos días tan calurosos. Lagio, se tiró de cabeza, pero empezó a pasar el tiempo, y no salía. Constanci y yo, nos empezamos a preocupar y nos tiramos al agua para ver que pasaba. Enseguida llegamos al fondo, porque como Vds. saben es un pozo solo de dos metros de profundidad, pero allí no estaba. Constanci se ha quedado en el pozo para ir rebuscando. Sin embargo, no sabemos nada más... Yo he venido para avisar a la aldea, y por eso aquí me tienen.
   Puede que os haya gastado una broma.dijo el alcalde y prosiguió hablando No os acordáis la que montó en el tiempo de la vendimia, cuando se escondió dentro de la cuba de vino, respirando con una pajita. Para luego, dar un susto de muerte a las jóvenes que vinieron para pisotear las uvas. O cuando hizo una barra de pan gigante, y se metió dentro de ella, para asustar, a la gente que participaba en el concurso de panes de la demarcación
    También, cuando se disfrazó de espantapájaros, y por la noche asustaba a las hermanas Faluchi cuando iban a sembrar. Comentó uno de los sabios que estaba como a un metro de distancia, junto a los demás.
    Perdón Señor, ese no fue Lagio...fui yo  contestó Milani con resignación.
     Algunos de los sabios fumadores de pipa, no lo pudieron evitar y empezaron a reírse.
    Sigo pensando que Lagio nos está gastando una broma comentó el alcalde.
    Si lo sé... pero esto es diferente. Nosotros vimos con nuestros propios ojos como se tiró de cabeza al rio. Empezó a bucear y no salió a la superficie.  dijo Milani.
    ¿Estas seguro de lo que estás diciendo?—Preguntó el alcalde en un tono bastante serio.
     Tan seguro como que las Lunas de Vedrum todos los venerdi se cruzan. Contestó el joven Milani, provocando un pequeño alboroto en los allí presentes. Tal juramento, nombrando la Lunas de Vedrum, si no era veraz era castigado solemnemente. Con testigos, tenía el mismo valor que el pergamino firmado.
     El alcalde miró con mucha seriedad a Milani, se rascó la cabeza, hizo una calada con intensidad en la Pipa, la cual ya se había acabado. El alcalde se extrañó de que se consumiera tan rápido, la dejó encima de la chimenea y decidió ir al pozo personalmente. Los sabios allí presentes decidieron también acompañar al alcalde. Tenían que hacerlo con mucho sigilo, ya que en un principio no querían que los habitantes de la aldea se enterasen. No querían alarmar a la aldea, hasta que por sí mismos pudieran confirmar la situación. Lo que les obligaría a tomar ciertas decisiones drásticas, que en un principio no querían contemplar.

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Reunión de los sabios de Creatichela.


     En cuestión de media hora quedaron en la posada de la aldea. Estaba en la última calle y no muy iluminada. Fue el punto de encuentro, antes de tomar la senda que les conduciría al pozo de Amranni.
     Salieron con sus quinqués llenos de aceite, con cuerdas, y con una bestia por si tenían que tirar. Esa noche, un grupo de seis duendes salieron hacia el pozo, los cuatro sabios, el alcalde y Milani. Acordaron no comentar nada a los Padres del joven que iban a buscar, para ahorrarles un posible disgusto. Con la esperanza de que todo fuera una broma de mal gusto de Lagio. Y que dicha situación quedara como una mera anécdota.
     Aunque esa noche, las lunas revestían con magnificencia la aldea y la demarcación. Los pequeños lobariums de la zona lanzaban aullidos finos pero repetitivos. Las lunas tenían un matiz especial. Un tono rojizo había aparecido sobre el esplendor de ellas. Según los antiguos, era un mal presagio.
     El alcalde se dio cuenta, y no le gustó ni un pelo. Pero no quiso alarmar a nadie. Se imaginaba que algo tremendo se estaba entretejiendo en la aldea de Creatichela, y en las otras aldeas de la demarcación. El tiempo de paz y de aparente tranquilidad se estaba acabando. Solo que las nuevas generaciones no estaban acostumbradas a lo que se les venia encima. La Magicae Infinitum comenzaba a brillar...


                        C O N T I N U A R Á...
    
         
    
CREATTIKUS 2 : CUANDO LAS DOS LUNAS DE VEDRUM SE CRUCEN.